sábado, 17 de abril de 2010

Las universidades británicas, territorio apache para los más pobres.

La masificación de la educación superior es un fenómeno a nivel mundial que probablemente encuentra sus primeros pasos con la apertura de las universidades para las mujeres, pasando luego a extenderse hacia todo tipo de personas y no sólo de aquellas personas que poseen los recursos económicos suficientes para pagarse sus estudios universitarios, habitualmente reconocidos como la elite social.
A pesar de esta evolución, de acuerdo a lo que señala The Guardian hace un par de días, las universidades británicas mantienen en muchos casos esta condición elitista ya que en las instituciones de educación superior más prestiosas, tales como Oxford, Cambridge y una decena de otras instituciones universitarias británicas admite en sus aulas a menos del 5% de estudiantes provenientes de los barrios más pobres y desfavorecidos en cuanto oportunidades de ingreso a la universidad. Para acceder al listado completo pinchar aquí.
Sin embargo, la desproporción adquiere un carácter nacional según el periódico debido a que sólo el 10% de los estudiantes universitarios británicos proviene de dichos sectores sociales, a pesar de que los jóvenes de niveles socioeconómicos más bajos representan el 20% de la juventud británica. A su vez, el 90% de los jóvenes de menores recursos económicos que ingresan a la universidad terminan sus estudios universitarios.
Resulta evidente que el Reino Unido no es el único caso en el mundo donde el sistema universitario ofrece importantes barreras a los menos favorecidos económicamente para ingresar a las universidades más prestigiosas y reconocidas. En Chile, hace un par de años se acuñaba el término "universidad cota mil" para identificar a aquellas instituciones de educación superior privadas, donde la mayoría de los estudiantes que allí se forman profesionalmente pertenecen a los estratos más altos de la sociedad económicamente hablando, cuestionándose la real capacidad de dirigir los destinos de un país con una visión a veces irreal o distorsionada de las necesidades de la gran mayoría de la sociedad.
Sin lugar a dudas que al reflexionar sobre la situación de los jóvenes pertenecientes a los sectores menos favorecidos económicamente respecto de su ingreso a la universidad, surgen una serie de aristas al respecto desde las más generalistas: ¿necesita todo el mundo ir a la universidad para ser alguien en la vida?, ¿el ingreso de los más pobres a la universidad es un indicador adecuado de justicia e igualdad social?
Preguntas más, respuestas menos, es innegable la necesidad de seguir trabajando en cambios y mejoras de los sistemas universitarios a nivel mundial, que permitan a quienes lo deseen o aspiren a ingresar a las universidades más prestigiosas del mundo y poseen las capacidades para hacerlo, pero no el dinero para romper este círculo vicioso que muchas veces de forma injusta niega esta posibilidad.
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