sábado, 6 de febrero de 2010

El dilema de las becas y ayudas universitarias: ¿a quiénes debe beneficiar?

Sin lugar a dudas que las universidades y la educación superior en general, han pasado en las últimas cuatro décadas de ser un ámbito relativamente elitista, reservado sólo para algunos pocos afortunados, a transformarse en una educación de masas, con un carácter de servicio público y considerada como un pilar fundamental de la sociedad postmoderna basada en el conocimiento.
Sin embargo, en los últimos años la temática del financiamiento de las universidades se ha transformado en un dolor de cabeza para muchos gobiernos, y ya hemos comentado anteriormente en este blog los problemas que las universidades están teniendo en el Reino Unido y España en esta materia.
Uno de los aspectos relacionados con el financiamiento de las universidades es la aplicación de aranceles o tasas que estas instituciones cobran a sus estudiantes para acceder a sus servicios, y que en algunas partes del mundo suelen ser bastantes onerosas.
A partir de esta situación, aparecen en escena las becas y ayudas universitarias para paliar en alguna forma los costos que implica estudiar una carrera universitaria, con la esperanza de tener un mejor futuro laboral, tema este sin duda que merece un post exclusivo.
Las becas y ayudas, normalmente entregadas por el Estado, se enfrentan habitualmente con la necesidad de conciliar dos grandes criterios para su asignación: excelencia académica y nivel socioeconómico. Por la primera, entendemos el rendimiento académico que el estudiante ha tenido a lo largo de su historia estudiantil, tanto en la educación secundaria, la que le hace merecedor de una beca para ingresar a la universidad, así como los aspectos relacionados con el desempeño en las respectivas pruebas de ingreso o selectividad que las universidades aplican para dedicir, quienes tienen el derecho de obtener una vacante o plaza para ingresar a la universidad. Además, la excelencia académica normalmente es extendida, en el caso de las becas, al rendimiento obtenido en la universidad como criterio para mantener dicho beneficio.
Por otra parte, es habitual considerar como otro de los criterios para seleccionar a los beneficiarios de una beca el nivel socioeconómico del postulante y su grupo familiar, lo que normalmente se traduce en que los estudiantes de más bajos recursos se transforman en un grupo prioritario, en desmedro de los postulantes de clase media y evidentemente dejando fuera de esta posibilidad a quienes tienen mayores ingresos y por ende una mejor situación económica.
El dilema surge cuando los sistemas de becas deben enfrentarse a situaciones específicas en donde uno de estos dos criterios debe imponerse al otro, discriminando si es más importante privilegiar la excelencia por sobre el nivel socioeconómico del beneficiario, o a la inversa. ¿Merece una beca aquel postulante a la universidad de excelencia académica pero que posee un nivel socioeconómico medio o alto?, o ¿Deben recibir una beca los postulantes de un nivel socioeconómico bajo con un nivel de rendimiento académico menor que aquel estudiante de excelencia pero de estrato económico alto?.
El supuesto que normalmente se aplica a estas situaciones es que el estudiante de excelencia que pertenece a los estratos socioeconómicos medio o alto posee los recursos para pagar sus estudios universitarios.
En algunos países, estos dilemas comienzan a solucionarse a través de la banca, y aquellos estudiantes que no obtienen becas, reciben una multitudinaria cantidad de ofertas de las instituciones bancarias, para finaciar sus estudios universitarios y comenzar a pagar una vez terminados sus estudios universitarios.
De esta manera, estos temas adquirirán una creciente relevancia en el corto plazo, debido a la tendencia mundial que se observa en cuanto a la disminución de los aportes públicos al financiamiento de los estudios universitarios, el aumento del valor de los aranceles y tasas cobradas por las universidades para financiarse, y la creciente insatisfacción de los titulados universitarios y sus familias con el nivel de empleabilidad que actualmente existe y por cuyo título universitario han tenido que desembolsar una importante cantidad de dinero.
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miércoles, 3 de febrero de 2010

Las universidades chinas al nivel de Oxford y Cambridge.

China es una nación peculiar y con muchos contrastes, con una férrea dictadura comunista que aplica el modelo económico neoliberal de una forma más ortodoxa que el propio EE.UU., posee una política de control de natalidad durísima, es uno de los mayores contaminantes del mundo, y de tarde en tarde tensiona la paz mundial con alguno de sus ensayos militares.
Sin embargo, es quizá el único país del mundo que ha mantenido o incluso aumentado sus niveles de crecimiento económico en plena crisis financiera, y probablemente nadie pueda discutir el cada vez más infravalorado cartel de "potencia mundial", que otrora se disputaran la ex URSS y los EE.UU.
He de reconocer que muchas de las políticas que aplica este país no son de mi agrado, pero independientemente de aquello me ha parecido interesante destacar una nota que publica el diario inglés The Guardian en su edición online de ayer, donde el Presidente de la Universidad de Yale Richard Levin señala que la fuerte inversión del gobierno chino en sus universidades, les permitirá en el mediano plazo alcanzar el nivel de las universidades más prestigiosas del mundo, tales como Oxford o Cambridge.
La inversión china en su sistema de educación superior es equivalente a 1,5% de su PIB (mil millones de yuan), duplicando la aun incumplida meta europea del 0,7% del PIB para la I+D+i, con el propósito de ubicar a sus principales universidades como Tsinghua y Pekín entre las top ten a nivel mundial, algo que de acuerdo con el Presidente de Yale ocurrirá dentro de los próximos 25 años.
De esta manera, China en sólo una década ha construido uno de los sistema universitarios más grandes del mundo, pasando de 1.022 a 2.263 universidades, con una matrícula actual de más de 5 millones de estudiantes, quintuplicando esa cifra desde 1997.
No obstante estos esfuerzos, alguno de los reparos que hace Richard Levin a esta situación se relacionan con los criterios políticos con los cuales las autoridades chinas asignan estos recursos, en desmedro del mérito científico y la excelencia, lo que se refleja además en la baja multidisciplinariedad y carencia del cultivo del pensamiento crítico en las universidades chinas, lo que definitivamente contrarresta la fuerte inversión.
A pesar de ello, resulta totalmente destacable la visión gubernamental china de invertir y potenciar su sistema de educación superior así como de I+D+i, por lo tanto digno de imitarse, algo que por ejemplo en los casos del Reino Unido y España han optado por seguir la alternativa contraria, cortando o disminuyendo los presupuestos a los sistemas de educación superior e investigación científica respectivamente, con el propósito de hacer frente a la crisis económica a través de un recorte del gasto público en estas materias. Veremos con el paso de los años quien tenía la razón.
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lunes, 1 de febrero de 2010

OCDE realizará evaluación internacional de los resultados de aprendizaje de la educación superior.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) está preparando actualmente los estudios de viabilidad para el diseño de una evaluación de los resultados de aprendizaje de la educación superior denominado AHELO (sigla en inglés).
Se espera que el formato definitivo de la evaluación este disponible para comenzar a aplicarse a partir del 2016, de acuerdo a los resultados obtenidos en estos estudios de viabilidad, pero se considera la participación voluntaria de las instituciones de educación superior y que además esta herramienta no se desarrollará con fines comparativos.
Sin embargo, esta iniciativa pretende desarrollar estándares de medición comunes para los países asociados a este organismo, con el propósito de medir la calidad de la educación superior, tanto desde la perspectiva de los conocimientos y habilidad que los estudiantes y egresados han adquirido en su paso por la universidad.
El propósito de AHELO tampoco es transformarse en un nuevo ranking de universidades al estilo de Shanghai, Times o alguno de los diversos mecanismos que actualmente categorizan a las universidades según los más diversos indicadores, donde este nuevo sistema de evaluación propuesto por la OCDE pretende concentrar su evaluación en los aspectos propios de la enseñanza y el aprendizaje.
Asimismo, la OCDE señala que la medición de la calidad de las universidades es crucial para garantizar a los Gobiernos mayores avances científicos y sociales, especialmente porque según este organismo actualmente existen casi 17.000 instituciones de educación superior a nivel mundial, por lo que resulta determinante también para los alumnos y sus familias tener claridad y certeza respecto de la calidad de la universidad en la que se pretenden formar a nivel profesional y científico.
De esta manera, el estudio de viabilidad de AHELO se estructurá en base a 4 grandes lineamientos o factores:
(1) Habilidades genéricas: resolución de problemas, pensamiento crítico, capacidad para generar ideas nuevas, aplicación práctica de la teoría.
(2) Habilidades específicas de ingeniería y economía.
(3) Aprendizaje considerando los contextos diversos de los que provienen los estudiantes.
(4) Valor añadido proporcionado por la Educación universitaria a sus estudiantes.
De esta manera, una de las temáticas más complejas y determinantes de la sustentabilidad de la educación superior, como es la calidad de la formación profesional que reciben actualmente los millones de estudiantes a nivel mundial, se pone en la palestra a través de los esfuerzos de la OCDE por diseñar un sistema de evaluación que de garantías y objetividad a la hora de hablar de buenos o malos resultados de la formación universitaria, especialmente cuando en la actualidad se debate fuertemente acerca de la capacidad de las universidades para desarrollar las competencias necesarias en sus egresados que mejoren sus oportunidades de obtener la tan anhelada empleabilidad, y no sumarse a la tristemente célebre estadística de los cesantes o parados ilustrados.
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